Cuando el transporte público deja de ser opción

En Chile, la oferta de vehículos usados está en un alza tan franca como la de su demanda. Algunas cifras sitúan a este rubro por sobre su contraparte de kilometraje cero, reflejando que hoy, si es posible, un auto usado será mejor cotizado que uno nuevo. En 2015, sin ir más lejos, la venta de autos usados creció un 9,6%, mientras que los nuevos arrojaron números rojos y, para este 2016, la tendencia parece no modificarse, puesto que el usuario está consolidando su preferencia hacia vehículos más ahorrativos y que maximicen su rendimiento en bajos consumos.

Un factor relevante a poner sobre la mesa a la hora de analizar esta conducta del consumidor, es el panorama general del transporte en el país, sobre todo en el Gran Santiago, puesto que es allí donde reside gran parte de la población nacional que comparte un mismo sistema público. Entonces, considerando las iniciativas gubernamentales por impulsar el uso de buses y metro mediante la implementación de mejoras y vías exclusivas, cuesta entender que el uso del automóvil siga creciendo en desmedro del Transantiago. Si fuera una cuestión netamente cultural, habría de sentirse el remezón en el bolsillo al final del día, al punto de replantearse la decisión. Sin embargo, el asunto parece ir un poco más allá.

Viajar es siempre asumir un riesgo

Una radiografía vuelo de pájaro, refleja el sentir de un ciudadano que se mueve en automóvil por calles atochadas, pero cómodamente sentado y escuchando su música, probablemente a solas dentro del habitáculo, aunque no sin dejar sentir su stress en cada esquina cuando crea que la situación lo amerite.

Con pros y contras, la experiencia en el transporte público suele evaluarse desde tres puntos de vista: el confort, los tiempos de traslado y los costos. Un ejemplo claro es el de las filas para tomar los buses de la línea 104, en dirección al sur desde Los Leones. Allí, la norma es esperar no por el siguiente bus, sino por aquel momento en que la fila corra hasta dejarle a los pasajeros un asiento desocupado, haciendo surgir una fila para los apurados que viajan de pie y otra para los que prefieren esperar y viajar sentados. Podemos entender entonces que, existen determinados casos, en que el confort prima por sobre la hora.

La regla, en cualquier situación, parece ser la de que no es posible satisfacer los tres puntos de vista de evaluación y que siempre se habrá de poner en riesgo al menos uno. Entonces, para usuarios que ya se decidieron por el confort por sobre los costos, una de las primeras ideas que surge es la de la adquisición de un automóvil. En esas circunstancias, y despreciando si la compra proviene o no de ahorros, se asume el riesgo económico de las subidas del precio de los combustibles y de tiempos variables de traslado, merced de un tráfico a ratos impredecible en la urbe, pero poniendo sobre seguro el confort, la privacidad y la libertad horaria para trasladarse.

Si vas por un auto usado

Es imprescindible manejar algunos tips y consejos que permitan hacer una mejor compra de auto usado, cuando ya está consumada la decisión de abandonar el transporte público. Lo primero que debe hacerse, incluso antes de echar un vistazo al motor, es revisar los antecedentes del vehículo en el Registro Civil, comprando el Certificado de Anotaciones Vigentes y el Certificado de Anotaciones de Multas No Pagadas.

Luego, si todo lo anterior está en regla, debes revisar la opción de contratar un seguro automotriz para el vehículo,  con el fin de hacer un traspaso correcto o de cotizar con tiempo antes de cambiar de mano las llaves. Es importante tener en cuenta que el seguro de accidentes personales es absolutamente obligatorio para transitar. Además, los seguros complementarios y coberturas de todo tipo, pueden ser la solución a problemas naturales de desgaste en vehículos usados.

Por último, una vez que todo lo reglamentario está en pleno cumplimiento, se debe comparar la identificación del chasis y el motor con la indicada en el padrón, para finalmente hacer una inspección de la carrocería, los plásticos, las gomas y otros elementos. Al final, sólo será una prueba de conducción la que pueda dar luz a un veredicto y que permita, de una vez por todas, abandonar el transporte público y comenzar a viajar por caminos propios.

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