Las recientes declaraciones de Donald Trump sobre una posible anexión de Groenlandia han reavivado el debate geopolítico en torno al Ártico, un territorio que se caracteriza no solo por su ubicación estratégica, sino también por sus vastos recursos naturales. Los expertos advierten que un movimiento tan audaz por parte de Estados Unidos podría provocar repercusiones significativas en sus relaciones con Europa y la OTAN, lo que hace que tal intervención sea altamente improbable. El interés de Trump por incorporar Groenlandia a Estados Unidos ha colocado este asunto nuevamente en la agenda internacional, generando inquietudes en el continente europeo y reabriendo las discusiones acerca de la estabilidad del equilibrio geopolítico en la región del Ártico.
Marcelo Pérez, analista internacional y académico de Periodismo de la Universidad Andrés Bello, destacó que la situación de Groenlandia es radicalmente distinta a las políticas de intervención anteriores de Washington en América Latina. Según él, la propuesta de anexión de Groenlandia es más una declaración de intenciones que un plan concreto. “No se trata de una intervención directa, sino más bien de un planteo que busca resonar en el ámbito político internacional”, señala Pérez, enfatizando la importancia de diferenciar este contexto del que se observa en la política exterior hacia Latinoamérica.
El analista también considera que el discurso de Trump en este caso es un ejemplo de retórica populista más que de una estrategia diplomática bien definida. Pérez argumenta que las afirmaciones sobre Groenlandia son parte de una lógica más amplia de la política personalista de Trump, orientada a afirmar su poder y atraer la atención mediática en lugar de buscar una acción racional o basada en fundamentos sólidos. Para él, este tipo de declaraciones delinean más el estilo de liderazgo de Trump y su círculo cercano que una política exterior estructurada y coherente.
Uno de los principales impedimentos para cualquier intento de anexión de Groenlandia es su estatus político, dado que forma parte del Reino de Dinamarca, un miembro de la Unión Europea y de la OTAN. Pérez advierte que cualquier acción unilateral por parte de Estados Unidos podría resultar en una ruptura de la OTAN, una consecuencia grave que es difícil de ignorar. Asimismo, provocaría tensiones directas con la Unión Europea, un escenario que, según el analista, Washington no podría manejar sin poner en riesgo sus intereses globales. La complicada situación se intensificará ante la posibilidad de enfrentamientos directos con potencias europeas, lo que pone aún más en perspectiva la impracticabilidad de los planes de Trump.
A pesar de la retórica política en torno a la anexión, Groenlandia sigue siendo un territorio de gran importancia estratégica a nivel global. En un potencial conflicto entre potencias, su ubicación podría ser fundamental, ya que ofrece una plataforma militar crucial y acceso a rutas árticas vitales. Pérez apunta que, aunque hay intereses en la ocupación militar y en los recursos naturales del territorio, estos objetivos pueden ser alcanzados mediante la cooperación a través de la OTAN y no necesariamente por medio de una anexión formal. Con el interés en el cambio climático y los recursos que Groenlandia alberga, es evidente que el futuro de esta región necesita ser abordado de manera colaborativa y menos intensamente polémica.
















