Recientemente se han revelado los escalofriantes resultados del informe forense sobre el asesinato del joven comunicador Mateo Pérez, quien fue secuestrado y asesinado el 8 de mayo en Briceño, Antioquia. Este informe indica que Mateo recibió cinco disparos, de los cuales solo los últimos fueron mortales. Los disparos iniciales no fueron concluyentes, lo que sugiere un claro objetivo de tortura y sufrimiento. Según un familiar, esto revela la brutalidad de los perpetradores, quienes optaron por infligir dolor antes de acabar con su vida.
Los hallazgos del informe forense detallan que Mateo fue herido en el pecho, la rodilla izquierda y el abdomen, lo que dañó su hígado. Finalmente, fue ejecutado con dos disparos en la cabeza mientras se encontraba de rodillas, una imagen que resuena no solo con los familiares de la víctima, sino con toda la sociedad colombiana. La crueldad del crimen se acentuó cuando los mismos secuestradores utilizaron un hacha o machete para desmembrar el cuerpo de Mateo, con la aparente intención de ocultarlo y acelerar el proceso de descomposición.
El asesinato de Mateo no solo es un incidente aislado; se da en medio de una crisis humanitaria agravada por la batalla entre disidencias de las FARC y el cártel Clan del Golfo, quienes buscan controlar rutas estratégicas en la región. Los familiares del periodista han clamor por justicia, esperando que las autoridades logren capturar a los responsables: Néider Yesid Uñates López, alias Primo Gay, y Gustavo Eliécer Sepúlveda Jaramillo, alias Macho Viejo, quienes forman parte del grupo armado que llevó a cabo este despreciable acto.
La comunidad periodística y la sociedad en general han expresado su rechazo frente a esta brutalidad, subrayando que la vida de un periodista debe ser valorada y protegida. La Fundación para la Libertad de Prensa ha denunciado que el crimen contra Mateo es un reflejo de la peligrosa realidad que enfrentan los reporteros en Colombia, donde el trabajo periodístico se ejerce en un contexto repleto de amenazas y violencia constante por parte de grupos armados ilegales. Su reclamo enfatiza la necesidad de proteger la libertad de prensa y garantizar un entorno seguro para quienes ejercen este noble oficio.
El caso de Mateo Pérez ha conmocionado a Colombia y ha dejado al descubierto la cruda realidad que viven muchos periodistas en el país. A medida que la investigación avanza y se hace pública la brutalidad con la que se trató a Mateo, se hace un llamado urgente para que las autoridades tomen acciones efectivas en la lucha contra la impunidad y el respeto a los derechos humanos. Este asesinato no solo es una tragedia personal para su familia y amigos, sino un recordatorio del riesgo inminente que representan las disidencias armadas y de la necesidad de un compromiso nacional por la paz y la justicia.
















