Carmen Castillo, conocida en las redes sociales como «Carmen Tuitera», ha vuelto a estar en el centro de la polémica tras su reciente «autonotificación» de una demanda por difamación interpuesta por el futbolista chileno Guillermo Maripán. A través de su cuenta de Instagram, Castillo declaró que había sido informada de la existencia de una demanda de 200 millones de pesos chilenos en su contra, la cual no había sido notificada oficialmente. En su publicación, la influencer expuso su desacuerdo con lo que considera un intento de intimidación, vinculando esta situación con un pasado de violencia de género que sufrió por parte del propio Maripán. La relación entre ambos había generado un torrente de reacciones en redes sociales hace un año, llenas de rumores y especulaciones, lo que ahora parece resurgir con una nueva querella judicial.
En sus publicaciones, Carmen Castillo muestra una clara rebeldía ante la situación y un temperamento fuerte, argumentando que no se someterá a lo que considera acoso judicial. «Sobre todo con personas que sienten que tienen más poder que nosotras», mencionó en uno de sus intensos post en Instagram, sugiriendo que el sistema podría estar inclinado a favorecer a Maripán. Sin embargo, esta no es la primera vez que Castillo se ve envuelta en un escándalo. Su trayectoria está marcada por varios incidentes, entre ellos acusaciones previas de hostigamiento y una larga lista de enfrentamientos legales que la han llevado a una infame reputación totalmente polarizadora entre sus seguidores y detractores.
Carmen Castillo, aunque actualmente se ha presentado como influencer, proviene de un trasfondo complicado. Desde una edad temprana, su vida estuvo marcada por la figura de su padre, Ricardo Castillo, un exejecutivo de Codelco que denunció irregularidades dentro de la empresa y que a su vez enfrentó la persecución laboral. Este creciente conflicto familiar estableció un patrón de enfrentamientos que acompañó a Carmen a lo largo de su vida. Su historia de agresiones laborales, así como la búsqueda de justicia para su padre, generaron un ambiente de tensión que Carmen llevó a las redes sociales, creando una especie de identidad pública a través de su activismo, aunque no exenta de conflictos personales y judiciales.
A medida que Carmen crecía, también lo hacía su repertorio de acciones polémicas, que van desde bullying en el colegio, donde supuestamente hostigó a compañeras, hasta diversas denuncias en su calidad de víctima y acusada de delitos menores. Esto dejó un registro que, sumado a su reciente comportamiento en las redes sociales, ha conducido a un historial que acumula denuncias tanto de victimización como de hostigamiento. El constante enfrentamiento con el sistema legal ha sido una de las constantes en su vida, y la recentísima demanda de Maripán ha reavivado un interés mediático que podría tener secuelas significativas para su carrera a largo plazo.
Guillermo Maripán, por su parte, ha presentado su propia narrativa sobre los acontecimientos, revelando la intensa comunicación que mantuvieron a través de Instagram y WhatsApp, lo que desencadenó en una reunión que, según él, no pasó de un momento afectivo. Sin embargo, este breve encuentro ha sido interpretado por Castillo de una forma mucho más intensa, provocando un choque de percepciones que ha llevado a este conflicto judicial. La compleja relación y el acoso que Maripán alega haber sufrido han aggiornado la conversación sobre el poder y la seducción, en un espacio donde la línea entre lo consensuado y lo forzado parece diluirse, generando opiniones encontradas en un público cada vez más cautivo por las dinámicas propias de las redes sociales.
















