En la Región de Coquimbo, la angustiosa desaparición de María Rojas Cuadros y Julio Muñoz Marín ha mantenido a sus familias en un estado de incertidumbre y dolor. Desde que fueron vistos por última vez el 26 de agosto de 2024 en Huatulame, los esfuerzos por encontrarlos no han cesado. Equipos especializados de Carabineros y la Policía de Investigaciones (PDI) han estado llevando a cabo intensas búsquedas en áreas cercanas, pero hasta la fecha, no han habido rastros ni de los amigos ni de la camioneta en la que se desplazaban. A medida que se cumplen diez meses sin noticias, la desesperación crece entre sus familiares, quienes añoran recuperar algo de la normalidad que perdieron desde aquel fatídico día.
La hija de María, Yael Cortés, ha expresado su profundo sufrimiento y la frustración por la falta de avances en la investigación. En una reciente entrevista, comentó: “Creo que hay participación de terceros”, sugiriendo que la desaparición de su madre podría no haber sido accidental. Durante el cumpleaños de su madre, el pasado 22 de junio, Yael se sintió devastada, ya que no pudo celebrar como solía hacerlo. A través de sus palabras, se refleja la necesidad de respuestas y la esperanza de que alguien pueda ofrecer información que conduzca a encontrar a María y Julio. Su mensaje es claro: «Nosotros solo queremos encontrarlos».
Por otro lado, Paola Segovia, hermana de Julio, también ha alzado la voz en busca de justicia y respuestas. Ella ha manifestado su descontento con la falta de información que han recibido de las autoridades: “Nos sentimos abandonados”, dijo, y expresó su temor de que la investigación se cierre una vez que se cumpla el año de la desaparición. Fue contundente al solicitar a las autoridades que continúen investigando y no dejen de indagar en la búsqueda de su hermano y su amiga. La angustia de la familia es palpable, y su llamado es un grito por ayuda y claridad en un caso que sigue sin resolver.
Las familias han hecho un llamado a la comunidad para que cualquier persona que tenga información se sienta motivada a hablar, incluso de manera anónima. “Lo que pedimos como familia es que no se cierre el caso”, reiteró Yael. Esta súplica no solo refleja su deseo de encontrar a sus seres queridos, sino también una profunda necesidad de cerrar un capítulo caracterizado por el dolor y la incertidumbre. La esperanza de que alguien pueda aportar una pista es el único rayo de luz en un panorama sombrío, donde cada día que pasa se siente como una eterna agonía.
Por su parte, la PDI ha informado que la investigación sigue abierta y en coordinación con la Fiscalía, aunque lamentablemente no han revelado nuevas pistas ni detalles sobre el paradero de María y Julio. La falta de información clara y los pocos avances en el caso están llevando a las familias a intensificar sus llamados a la acción, no solo en busca de respuestas, sino también por una mayor atención hacia los muchos casos de desapariciones que aquejan al país. Las voces de Yael y Paola resuenan como una llamada urgente a la comunidad y a las autoridades, recordando que detrás de cada caso hay historias de amor, amistad y esperanza que merecen ser escuchadas y atendidas.
















