La fiscal encargada del caso de la actriz Amparo Noguera ha manifestado la importancia de no descartar ninguna línea de investigación en este sorprendente episodio de fraude. Tras ser víctima de una compleja estafa, Noguera se encontró en medio de un oscuro entramado donde una banda de delincuentes, ataviados como funcionarios de la Policía de Investigaciones (PDI), le hicieron creer que su dinero estaba en grave riesgo. La fiscalía ha comenzado a indagar sobre la posible conexión entre los estafadores y algunos trabajadores de la banca implicados en el caso, lo que añade una inquietante capa a una situación ya de por sí preocupante.
En el transcurso de la investigación, ha salido a la luz que tres funcionarias de la entidad bancaria a la que pertenece la actriz fueron desvinculadas de sus cargos. Una de ellas es clave en este relato, pues recibió la llamada en la que los delincuentes, haciéndose pasar por Noguera, negociaron una transacción de 3 millones de pesos. El modus operandi era insidioso, ya que los timadores no solo contaban con unidades operativas desde prisión, sino que también habilitaban un completo esquema para engañar a otras víctimas, generando temor y urgencia en sus convocatorias.
Según testimonios de la funcionaria desvinculada, el protocolo de seguridad en el banco fue puesto a prueba, ya que la llamada se realizó desde un número no registrado. «Siempre tengo que confirmar información antes de proceder con cualquier gestión. En este caso, me pareció extraño que la clienta llamara desde un número no habitual, pero traté de seguir el protocolo establecido,» explicó. No obstante, la mujer admitió que la voz de quien afirmaba ser Amparo Noguera no le sonó del todo excepcional, dado el frenético ritmo de llamadas que recibe a diario, lo que podría haber contribuido a su error.
El engaño escaló cuando los delincuentes también realizaron llamadas directas a Noguera, instándola a que desbloqueara su tarjeta bancaria y que atendiera a la llamada del banco. Esto lo hicieron mediante técnicas de persuasión que generaron la fragilidad y vulnerabilidad necesarias para que la actriz accediera a compartir información sensible, como sus claves y RUT. Este punto fue subrayado por la executiva desvinculada, quien explicó que, de haber seguido correctamente el protocolo, la situación podría haber sido diferente. «Cuando llamas al banco, siempre hay un filtro, y aunque el cliente tenga acceso a esa información, es responsabilidad nuestra asegurarnos de que está ocurriendo una transacción legítima,» concluyó.
Este escándalo destaca la necesidad de revisar y mejorar los procedimientos de seguridad en las entidades bancarias para proteger a los clientes de fraudes cada vez más sofisticados. Además, pone en el centro del debate la posible complicidad o negligencia de algunos empleados, lo que podría derivar en un serio daño a la credibilidad de las instituciones financieras. A medida que la fiscalía avanza en su investigación, la comunidad mira con atención el desenlace de este caso, que no solo afecta a la reconocida actriz, sino que también plantea interrogantes sobre la seguridad financiera de miles de personas en el país.
















