Estefanía Gutiérrez, madre de Tomás Bravo, ha roto un prolongado silencio casi cinco años después de la trágica desaparición y el posterior hallazgo sin vida de su hijo en Caripilun, Región del Biobío. En un mensaje profundamente conmovedor y lleno de frustración, Gutiérrez ha decidido denunciar públicamente a Carolina Cabezas, una médium que ha estado involucrada en las investigaciones desde el principio. Gutiérrez expone que Cabezas ha cambiado y agregado información en sus declaraciones, lo que genera confusión y podría comprometer la verdad relacionada con el caso. “Es impactante que, por cuarta vez, esta mujer vuelva a declarar en nuestra contra, haciendo insinuaciones que a nadie se le ocurriría”, afirmó Gutiérrez, dejando claro su descontento con la situación actual del proceso judicial.
La madre de Tomás Bravo se mostró especialmente preocupada por el papel que juegan las autoridades al considerar las declaraciones de la médium. Gutiérrez declaró: “Me preocupa cómo la fiscalía y los policías se dejan influenciar por ella. Es evidente que su intención es aprovecharse de la desgracia ajena”. Con esta preocupante afirmación, la madre indica la falta de rigor en la investigación, apuntando que las inexistentes pruebas en las que se basa Cabezas no tienen cabida en una indagación seria. Esta declaración pone de relieve la vulnerabilidad de los procesos judiciales ante la especulación y el sensacionalismo.
A medida que su relato avanzaba, Estefanía Gutiérrez arremetió con dureza contra la actitud de Cabezas, describiéndola como una figura extraña que intenta vestirse de detective para resolver un caso que ya ha causado un gran sufrimiento. “Cada vez que la fiscalía se encuentra estancada, ella aparece como su salvavidas. Tiene aires de policía y eso es inaceptable”, argumentó. Además, Gutiérrez se preocupó por los posibles impactos negativos que la intervención de Cabezas podría tener en otros casos, señalando ejemplos específicos de intervenciones anteriores que podrían haber exacerbado las tragedias de otras familias.
La madre de Tomás también cuestionó la ética profesional de la médium, recordando que trabaja como asistente social en una empresa forestal. “¿Cómo es posible que una profesional presté su nombre y reputación para jugar con el dolor de familias que ya sufren?”, planteó. Gutiérrez insistió en que este tipo de actuaciones son indignantes y que las personas que se esconden tras testimonios falsos deben enfrentar la justicia. Su firme declaración sugiere una determinación por proteger no solo la memoria de su hijo, sino también la dignidad de aquellos que han pasado por tragedias similares.
Finalmente, Estefanía Gutiérrez rememoró su primer encuentro con la médium, describiéndola como una intrusa que llegó a su hogar con la falsa promesa de ayudar a encontrar a su hijo. “Ella se presentó como médium, con la idea de buscar a Tomi, pero nunca actuó como tal. Su intervención fue más parecida a la de un espía que a la de alguien genuinamente preocupado por el bienestar de nuestra familia”, concluyó. La angustia y el dolor acumulados en los años desde la desaparición de Tomás se suman a la indignación por el uso indebido del dolor ajeno, generando un llamado a la reflexión sobre cómo se manejan los casos de alta sensibilidad en la sociedad.
















