En un insólito caso que ha captado la atención de las autoridades y de la opinión pública en Chile, dos jóvenes identificados como Rodrigo Manzo Muñoz y Vicente Vargas Leiva fueron detenidos tras el vandalismo de un avión en el Aeropuerto Arturo Merino Benítez. El suceso, ocurrido el 31 de mayo, implicó la realización de grafitis en una de las turbinas de un jet de la aerolínea JetSmart, lo que desató una intensa investigación por parte de la Fiscalía de Pudahuel, que utilizó avanzadas técnicas en redes sociales para dar con los responsables. Las imágenes de la intervención fueron difundidas en diversas plataformas, volviéndose virales y alimentando el debate sobre la seguridad en espacios aeroportuarios.
La investigación reveló que los autores habían utilizado diseños distintivos, incluyendo personajes conocidos como los «gatitos tristes», una firma que les permitió a las autoridades rastrear su identidad. Examinando sus perfiles de redes sociales, los detectives se encontraron con publicaciones que contenían dibujos similares a los encontrados en el avión, lo que fortaleció las pruebas en su contra. La labor de los fiscalizadores incluyó un análisis minucioso de la obra de arte, alzando la alerta en torno al vandalismo y su relación con el riesgo que suponía para la seguridad en el aeropuerto.
A pesar de que los trabajadores del aeropuerto aseguraron no haber visto nada durante la noche del incidente, se descubrió que el sistema de cámaras de seguridad se encontraba inoperativo, y que había una brecha en el cierre perimetral que facilitó el acceso de los vándalos. Hasta el jefe de seguridad de JetSmart admitió que todo estaba en orden durante su última revisión. Sin embargo, un pequeño desliz en la seguridad permitió que Rodrigo y Vicente pudieran llevar a cabo su fechoría y publicitar su «logro» en redes sociales, provocando una crítica feroz de la comunidad.
La captura de ambos individuos llegó luego de que se realizaran comparaciones criminales de las fotografías y se confirmara que Manzo Muñoz era el propietario del perfil que contenía el grafiti del gato, corroborando así su autoría. Se expondrá al tribunal que los daños provocados sobrepasaron los siete millones de pesos, incluyendo las implicaciones serias que su acto tenía sobre la seguridad aeroportuaria, lo que está siendo tomado como un asunto grave por las autoridades.
A raíz de la gravedad del vandalismo y el potencial riesgo creado, tanto Rodrigo como Vicente enfrentarán consecuencias severas: se les ha impuesto una prohibición de acercarse al aeropuerto, un arresto nocturno y arraigo nacional. La decisión del tribunal reflejó no solo la necesidad de castigar el vandalismo, sino también de enviar un mensaje claro sobre la importancia de la seguridad en áreas críticas como los aeropuertos, donde la integridad de los ciudadanos y el patrimonio nacional debe ser salvaguardada.














