El asesinato de Julia Chuñil ha conmocionado a la comunidad de Máfil tras revelarse los detalles de su muerte en la audiencia de formalización de cargos llevada a cabo en el Juzgado de Garantía de Los Lagos. La fiscal Tatiana Esquivel expuso que la dirigente mapuche fue golpeada y estrangulada por su propio hijo, Javier Troncoso, quien llegó a su hogar en un estado de ebriedad y en un ataque de furia intentó robar a un adulto mayor que también residía en la vivienda. Esta desgarradora situación pone de manifiesto un oscuro historial de violencia que sufría Julia por parte de su hijo, sumando una trágica capa a un caso ya de por sí horrendo.
El crimen ocurrió la noche del 8 de noviembre, cuando Javier Troncoso irrumpió en su hogar en busca de dinero. En el intento de robar a un anciano presente en la casa, profería amenazas y utilizó la violencia física, lo que hizo que Julia interviniera. Sin embargo, el conflicto con su madre intensificó la agresión, culminando en un acto brutal en el que su hijo, aprovechando la debilidad de Julia, continuó golpeándola hasta asfixiarla contra una pared. La fiscal ha señalado la violencia desmedida y la alevosía en estas acciones, reflejando no solo un conflicto familiar, sino una serie de abusos que se manifestaron a lo largo del tiempo.
Además de Javier Troncoso, otros tres miembros de la familia estuvieron involucrados en el encubrimiento del crimen. La fiscal Esquivel ha indicado que, tras el asesinato, los otros acusados, incluido Pablo San Martín Chuñil, ayudaron a ocultar el cuerpo de Julia y destruyeron evidencias del crimen. Su comportamiento deliberado de ocultar el cadáver y formular una denuncia falsa ante las autoridades tras el homicidio resalta la complicidad entre los imputados y su intento de desviar la investigación.
Los informes revelan que tanto Julia Chuñil como el adulto mayor que vivía con ellos eran víctimas de un ambiente de violencia constante. Exalcaldes y miembros de la comunidad han compartido testimonios preocupantes sobre los gritos desesperados que se escuchaban desde la casa, y Julia había manifestado en su iglesia el temor a su hijo violento. Estos antecedentes son fundamentales en la acusación de parricidio consumado, robo con violencia, inhumación ilegal, y maltrato habitual, entre otros delitos que se han imaginado en este caso.
La Fiscalía ha presentado cargos robustos en contra de los imputados, subrayando la gravedad de los actos cometidos en el hogar de la víctima. Este caso no solo abarca la tragedia de un homicidio en un contexto familiar, sino que también expone la profunda problemática de la violencia intrafamiliar en Chile, pues Julia no solo perdió la vida a manos de su hijo, sino que también fue una víctima silenciosa de abusos y amenazas. A medida que avanza el proceso judicial, la comunidad observa con atención, buscando justicia para Julia y un cambio en la violencia que afecta a tantas personas en situaciones similares.
















