El pasado sábado, la historia de Kevin Olguín, conocido como «Baby Bandito», dio un giro trágico cuando él y su pareja, Karina Rojas, fueron asesinados a tiros en Cerro Navia, un hecho que ha conmovido a la opinión pública en Chile. Ambos fueron atacados mientras transitaban en su vehículo por la calle Los Aromos, en un suceso que ha dejado consternados tanto a familiares como a autoridades. Aún no hay detenidos por el ataque, lo que agrava la tensión en la comunidad local, que teme por su seguridad tras este violento acto.
La Delegación Presidencial de la región Metropolitana decidió declarar los funerales de Olguín y Rojas como de alto riesgo, una medida que busca prevenir eventuales enfrentamientos y disturbios durante la ceremonia. Esta decisión fue comunicada por el delegado presidencial, Gonzalo Durán, quien argumentó que se tomó tras una revisión exhaustiva de informes de Carabineros, PDI y Gendarmería. Con el fin de salvaguardar la seguridad de los asistentes, se ha determinado que los cuerpos sean trasladados directamente al cementerio, donde se llevará a cabo la sepultura.
Desde la madrugada de este lunes, Quilicura se ha convertido en el escenario de la despedida a «Baby Bandito», donde se han registrado incidentes preocupantes. Según varios videos que circulan en redes sociales, en el marco del velorio se escucharon disparos y se lanzaron fuegos artificiales, lo que hizo temer lo peor por parte de las autoridades. La situación fue monitoreada de cerca por las fuerzas de seguridad, que han reforzado la vigilancia con el objetivo de evitar cualquier tipo de desmanes o actos violentos que puedan ocurrir durante los funerales.
Kevin Olguín alcanzó notoriedad en 2014 tras su participación en el llamado «robo del siglo», cuando un grupo de delincuentes sustrajo más de $6 mil millones a la empresa Brinks en el aeropuerto de Santiago. Su audaz fuga posterior a Europa, donde mantuvo un estilo de vida lujoso hasta su arresto en 2016, lo catapultó al estrellato delictivo en Chile. A pesar de sus múltiples detenciones y su eventual extradicción, nunca abandonó completamente sus actividades ilegales, lo que culminó en su trágico destino.
La historia de Olguín ha sido tan impactante que ha merecido incluso una serie de televisión en una plataforma de streaming, lo que pone de manifiesto el interés público en su vida y crímenes. Sin embargo, su violento final trae consigo reflexiones sobre la violencia en las calles y los desafíos que enfrentan las comunidades afectadas por el crimen. A medida que los funerales se desarrollan, la expectativa sobre el impacto de su vida y muerte en la sociedad chilena sigue presente.
















