El reciente hallazgo de una ballena rorcual hembra sin vida en el Parque Nacional Laguna San Rafael ha desatado nuevamente el debate sobre los efectos devastadores que la industria salmonera ejerce sobre el medio ambiente en Chile. Esta ballena, que medía aproximadamente 11 metros, fue encontrada en un avanzado estado de descomposición en una zona considerada área protegida, lo que ha llevado al Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA) a iniciar una investigación formal para determinar las causas de su muerte. El suceso ha resucitado interrogantes sobre la seguridad y el impacto de la salmonicultura sobre la fauna marina, especialmente en regiones que debería resguardarse por su biodiversidad.
La importancia del Parque Nacional Laguna San Rafael y su biodiversidad ha quedado en entredicho, dado que las circunstancias del fallecimiento de cetáceos en sus proximidades no son un hecho aislado. La ballena encontrada el pasado 30 de mayo se suma a otros trágicos incidentes, como la muerte de dos ballenas jorobadas que se registró en áreas protegidas en octubre de 2025. Combinados, estos eventos sugieren un patrón que podría implicar la responsabilidad de la industria salmonera, especialmente en áreas donde operan empresas como Cooke Aquaculture, cuyas actividades están bajo la mira de diferentes entidades ambientales.
El hecho de encontrar a la ballena en un área protegida plantea serias preguntas sobre la efectividad de las regulaciones ambientales actuales. Las primeras inspecciones realizadas por SERNAPESCA apuntan a la necesidad de una mayor vigilancia y control sobre las actividades de las salmoneras, ya que se han encontrado evidencias que sugieren que los cetáceos han podido fatídicamente interactuar con redes de pesca o sufrir colisiones con embarcaciones asociadas a estos centros de cultivo. Esta situación es alarmante, dado que la normativa chilena establece que las aguas bajo su soberanía son zonas libres de caza de ballenas, lo que implica un compromiso legal de protección que parece estar siendo violado.
El Dr. Rodrigo Hucke-Gaete, director del Centro Ballena Azul, ha alertado sobre la reiteración de estos trágicos eventos, subrayando que no se trata de un incidente aislado, sino de una tendencia que ha ido en aumento desde el crecimiento de la industria salmonera en la Patagonia. Hucke-Gaete llama a la acción, enfatizando que no es aceptable que estos majestuosos animales mueran en sus hábitats naturales, especialmente dentro de áreas que tienen como finalidad preservar la vida marina. Su declaración resuena profundamente en una comunidad que ha visto cómo la biodiversidad local se ve amenazada por intereses comerciales.
Por último, es crucial señalar que las empresas involucradas como Cooke Aquaculture y Australis Mar enfrentan sanciones por eludir la normativa ambiental. Las graves implicaciones de permitir que estas industrias operen con impunidad en zonas sensibles no solo afectan a los ecosistemas locales, sino que también representan una amenaza a las regulaciones que deberían asegurar la protección de las especies amenazadas, como las ballenas. En un momento donde la conciencia ambiental y el respeto por la naturaleza son más necesarios que nunca, las autoridades deben evaluar la gravedad de estos incidentes y determinar responsabilidades para prevenir futuras desgracias en la icónica región de la Patagonia.
















