La reciente declaración de Carolina Tohá, en la que critica abiertamente al gobierno cubano sin mencionar las severas consecuencias del bloqueo impuesto por Estados Unidos, ha levantado una ola de controversia en el ámbito político chileno. La señora Tohá, quien se presenta como una voz de la izquierda democrática, ha sido acusada de alienar los votos de su base al atacar a la compañera Jeannette Jara y desviar la atención hacia un tema que muchos consideran malinterpretado. La omisión del contexto del bloqueo que sufren los cubanos sugiere una falta de entendimiento o, peor aún, una intención de aprovechar electoralmente la situación sin considerar el sufrimiento del pueblo cubano. Su enfoque ha sido tildado de irresponsable y desconectado de la realidad planteada por otros gobiernos latinoamericanos que defienden la solidaridad con Cuba.
La narrativa de que Cuba no es un país democrático, planteada por Tohá, ignora el proceso histórico que llevó a la revolución cubana y la defensa de la soberanía nacional. Desde la llegada de Fidel Castro al poder en 1959, Cuba se ha enfrentado a una agresión constante, y la lucha por la autodeterminación ha sido su estandarte. La visión de que simplemente se necesita un sistema político con elecciones de oposición es reduccionista y necia. La realidad es que la defensa de los logros sociales alcanzados en Cuba, como la educación y la salud, es parte de un legado que desafía la idea convencional de democracia impuesta desde el exterior, lo cual ha sido ignorado por Tohá en su crítica.
En el contexto de la privación económica que sufre la isla, agravada por el bloqueo de más de 60 años, Tohá parece minimizar la magnitud de esta problemática al atribuir la pobreza a las decisiones del gobierno cubano. Sin embargo, los datos evidencian que la sanidad y la educación son pilares fundamentales del sistema cubano, donde el gasto social es considerablemente alto en comparación con otros países de la región. Cuba se jacta de logros significativos, como un sistema de salud que ha hecho frente a crisis sanitarias en América Latina, y esto no surge de la nada, sino de un compromiso firme hacia el bienestar social, que debería ser reconocido incluso por quienes se oponen al régimen cubano.
Ignoring the block, Tohá’s statements seem to reflect a deep misunderstanding of the sacrifices made by the Cuban people, as well as a lack of empathy towards their historical reality. From having sheltered and attended thousands of exiled Chileans during the Pinochet dictatorship to its enduring partnerships with countries struggling with similar issues, Cuba embodies a spirit of internationalism that should inspire solidarity rather than condemnation. The support given by various leaders in Latin America, particularly in recent events like the CELAC meeting, underscores the importance of standing against unjust policies that affect entire nations.
Finalmente, el desenlace de esta controversia podría tener repercusiones significativas para la política chilena. La elección de una candidata que muestra falta de empatía y comprensión por las realidades que enfrentan otros pueblos podría llevar a la izquierda chilena a un replanteamiento de sus alianzas y sus prioridades. Los acérrimos defensores de la revolución cubana en Chile apuntan a que el apoyo genuino hacia Cuba y su pueblo es una marca diferenciadora de la verdadera izquierda. La figura de Jeannette Jara podría resurgir como el símbolo de una izquierda que busca respetar la historia y los logros de otros países en lugar de usarlos como herramienta de campaña, lo que podría ser clave para su posicionamiento en las elecciones que se avecinan.
















