El conflicto limítrofe entre Chile y Argentina al sur del Cabo de Hornos

Chile y Argentina han reaparecido en una disputa por la extensión de la plataforma continental en el extremo sur del continente sudamericano, pero es de esperar que ambas partes hayan acordado sentarse a discutir el tema de forma bilateral, pacífica y absteniéndose de cualquier declaración y/o acción que pueda obstaculizar el proceso de un diálogo armonioso.

Todo comenzó cuando Chile actualizó la Carta Náutica 8, que incluye algunos islotes en el Pasaje de Drake, al sur del Cabo de Hornos, y la respectiva plataforma continental, cuya propiedad reclama Argentina, ya que la disputa había sido resuelta tras el Tratado de Paz y Amistad de 1984, y posteriormente respaldada por la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU.

El canciller chileno, Andrés Allamand, tras un intercambio de declaraciones agresivas de ambas partes, minimizó el domingo la disputa argumentando que el diferendo existente entre Chile y Argentina es uno “entre países que gozan de una profunda amistad”.

“Somos aliados estratégicos y lo seguiremos siendo. Y si en el pasado, en la década de los setenta, tuvimos visiones encontradas, ambos países hemos dado un ejemplo de cómo esas posiciones encontradas pueden quedar atrás, y cómo podemos construir una relación bilateral sólida, estable y potente en el tiempo”.

De todos modos Allamand dijo que la actualización de la polémica Carta Náutica 8 dispuesta por el presidente Sebastián Piñera y publicada en el Diario Oficial responde a una política de Estado, “con una continuidad histórica en la posición y enfoque chileno”

“En 2009 cuando Argentina solicitó una media luna a la plataforma continental extendida al sureste del Punto F, Chile señaló que tal pretensión era inopinada e hizo algunas reservas respecto de lo que consideraba sus derechos”.

“En 2016 cuando el Comité de Límites de la Plataforma Continental de la ONU se pronunció respecto a la pretensión argentina hubo un pronunciamiento chileno similar. Por último en 2020 cuando Argentina estableció legalmente, con un proyecto de ley en el Congreso, los límites en la plataforma continental extendida, Chile reiteró que era una acción inopinada e hizo una reserva de sus derechos”

Allamand explicó que la continuidad histórica abarcó al menos tres gobiernos chilenos y la actual actualización es simplemente un paso en esa secuencia. Además, antes de la publicación en el Diario Oficial, la Carta Náutica fue discutida con los ex presidentes Michelle Bachelet, Ricardo Lagos y Eduardo Frei, además de todos los cancilleres de esas administraciones.

“Todos ellos estuvieron de acuerdo en apoyar este proceso”, y también mencionó el apoyo de los actuales jefes de las dos Cámaras del Congreso, además de ex diplomáticos y funcionarios.

De todos modos Allamand destacó que “Chile valora muy positivamente las coincidencias existentes entre las cancillerías argentina y chilena en el sentido de que este diferendo debe ser resuelto a través del diálogo, en consonancia con la histórica hermandad de nuestros pueblos y el Derecho Internacional. Asimismo, así lo ordena el Tratado de Paz y Amistad de 1984”

Sin embargo, Allamand dijo que Chile quiere dejar constancia de que no coincide con la cancillería argentina en que la actualización de la Carta Náutica 8 pretende “apropiarse de parte de la plataforma continental extendida argentina y de los fondos marinos y oceánicos que son patrimonio común de la humanidad”

En el comunicado argentino hay un error de concepto, nadie se apropia de lo que le pertenece. “La zona específica o plataforma jurídica continental hasta las 200 millas siempre ha pertenecido, de pleno derecho, a Chile por la simple razón de que somos un Estado ribereño”.

Finalmente, el ministro dijo que la cancillería chilena considera que la controversia entre ambos países en la materia no es pertinente Si hemos acordado que la diferencia se abordará a través del diálogo, a través de un proceso de discusión, lo razonable es crear todas las condiciones para que este diálogo diplomático se haga de la manera más armoniosa posible, y por lo tanto nos abstendremos de cualquier acción de declaración que pueda perjudicar el desarrollo de este diálogo que hemos acordado”.

La posición argentina, abierta al diálogo “pero en defensa de nuestros derechos”

Al tomar conocimiento de la actualización de la Carta Náutica 8 por parte del gobierno chileno, publicada en el Boletín Oficial del país el 23 de agosto, el gobierno argentino respondió con un comunicado en el que respalda su posición respecto a los espacios marítimos en el extremo sur del continente sudamericano.

El comunicado chileno pretende proyectar la plataforma continental al Este del meridiano 6716 0 lo que claramente no coincide con el Tratado de Paz y Amistad de 1984 celebrado por ambos países (*)

El límite externo de la plataforma continental argentina en esta zona está reflejado en la Ley 27.557, aprobada el 4 de agosto de 2020, por unanimidad de ambas Cámaras del Congreso argentino y promulgada el 24 de agosto de 2020.

La Ley incluye una norma interna de la presentación realizada por Argentina ante el Comité de Límites de la Plataforma Continental de la ONU, CLPC. La presentación se ajusta plenamente al Tratado de Paz y Amistad y fue aprobada sin cuestionamientos de ese Comité para establecer un límite marítimo definitivo y obligatorio de conformidad con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, Convemar. Ni la presentación ni la decisión del Comité fueron objetadas por Chile.

La medida pretendida por Chile pretende la apropiación de parte de la plataforma continental argentina y de una extensa área de los fondos marinos y oceánicos, espacio marítimo que forma parte del Patrimonio Común de la Humanidad de acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

“En consecuencia, la pretensión chilena no es aceptable para la Argentina y plantea una situación que deberá ser resuelta a través del diálogo en defensa de los derechos argentinos, de acuerdo con la histórica hermandad de nuestros pueblos y el Derecho Internacional”.

Por último, pero no por ello menos importante, hay que añadir que tanto el gobierno chileno como el argentino no pasan por sus mejores momentos. La agitación social en Chile en 2019 demostró que el llamado modelo de desarrollo chileno era un gran montaje del capitalismo ortodoxo de amiguetes. El presidente conservador Sebastián Piñera nunca recuperó su apoyo popular, de un dígito, y tuvo que aceptar una reforma constitucional, en ciernes, Así que un poco de bombo nacionalista no está mal si los libros de historia han de recordar a Piñera

En Argentina la situación es mucho peor, a la incompetencia en el manejo de la pandemia, hay que sumarle el colapso de la economía tras lo que se califica como el encierro más largo del mundo, más el nivel habitual de corrupción extendida. Tal es la situación que el movimiento peronista hegemónico podría perder las próximas elecciones de medio término. Y en Argentina, el espíritu nacionalista es aún más intenso.

(*) En 1984, gracias a la mediación del Vaticano y a las negociaciones en Montevideo, se acordó y firmó el Tratado de Paz y Amistad entre Argentina y Chile. La iniciativa y la mediación fueron el resultado de la disputa de 1978, que se impidió que se convirtiera en un conflicto militar total por la apelación directa de Juan Pablo II a los dictadores de Argentina y Chile. Las fuerzas armadas argentinas habían comenzado a marchar hacia Chile en el extremo sur por la soberanía de las islas en disputa en el Canal de Beagle, y su proyección sobre los océanos Pacífico y Atlántico. En 1982 los agresivos militares argentinos volcaron sus esfuerzos y preparativos en la invasión de las Islas Malvinas. Su desastrosa derrota ante una Fuerza de Tarea del Reino Unido puso fin al ciclo de gobiernos militares en Argentina.

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