A pocos días de finalizar el año 2025, se presentan los balances económicos de un periodo que ha estado marcado por ajustes graduales en aspectos clave como la inflación, la inversión y el empleo. Este año ha sido testigo de importantes reformas económicas, entre las que destacan la reducción de la jornada laboral a 40 horas y el incremento del salario mínimo. Estas medidas, que han estado en el centro del debate público, han sido motivadoras de cambios significativos en el ambiente empresarial y en la vida cotidiana de los trabajadores, generando expectativas sobre su impacto a largo plazo en la competitividad de las empresas y en la evolución de los precios en el futuro inmediato.
Las proyecciones para el cierre de 2025 indican una expansión económica que ronda el 2,5%. Esta cifra se alinea con las proyecciones iniciales y sugiere un escenario de estabilidad económica, aunque los niveles de crecimiento siguen distantes de los más dinámicos experimentados en años anteriores. Sin embargo, hay un consenso entre los expertos sobre la importancia de seguir monitoreando el efecto de las reformas en la economía, ya que una inflación moderada y un empleo más estable podrían sentar las bases para un crecimiento más robusto en el futuro.
De cara a 2026, las expectativas económicas tienden a ser levemente más optimistas, aunque sin grandes saltos cuantitativos. Nicolás Román, académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes, proyecta un crecimiento cercano al 3%. Según Román, varios factores sugieren un mejor desempeño para el próximo año, pero destaca la necesidad de mantener las expectativas bajo control, enfatizando que un crecimiento del 3% sería lo más razonable dado el contexto actual.
Uno de los aspectos centrales que podría contribuir a este leve repunte es la recuperación gradual de la confianza entre los inversionistas, que se refleja en la inversión extranjera. En la actualidad, este indicador se mantiene alrededor de 14 mil millones de dólares, con un portafolio de proyectos que supera los 50 mil millones de dólares. Estos proyectos están mayoritariamente vinculados a la minería y a nuevas tecnologías en generación energética, sectores que podrían aportar significativamente al crecimiento económico a mediano y largo plazo.
Sin embargo, Román es cauteloso al señalar que estos proyectos, aunque prometen impulsar el crecimiento, requieren tiempo para ser desarrollados y llevar a cabo su impacto en la economía. «No se puede esperar un impacto inmediato en la actividad económica», concluye. Ante este escenario, se prevé que el avance sea moderado, manteniéndose en rangos cercanos al 3%, lo que reflejaría una tendencia de crecimiento más consistente y sostenible en el tiempo, en la medida que se completen estas iniciativas y se mantenga un ambiente favorable para la inversión.
















