A diez años de la inquietante desaparición de Narumi Kurosaki, una estudiante japonesa en Francia, el caso ha tomado un nuevo giro judicial. Nicolás Zepeda, un ciudadano chileno que ya ha sido condenado en dos ocasiones por su vinculación con la desaparición y muerte de Kurosaki, se enfrentará a un tercer juicio. La corte francesa ha decidido revisar el proceso, evidenciando posibles irregularidades en los juicios anteriores, lo que ha llevado a la resolución de reabrir el caso. Este pronunciamiento legal invita a una reflexión sobre la manera en que se han llevado a cabo los juicios y las implicaciones que tiene para el sistema judicial francés.
El evento crucial que desencadenó la situación actual ocurrió en 2016, cuando Zepeda viajó a la ciudad de Besanzón con el objetivo de visitar a Kurosaki en su residencia universitaria. Poco después de su encuentro, la joven se desvaneció sin dejar rastro, generando una investigación que marcaría la vida de muchos. El misterio en torno a su desaparición no solo ha impactado a su familia y amigos, sino que también ha captado la atención de medios internacionales al implicar a un chileno en un caso tan complicado y escalofriante.
La reciente revisión del proceso judicial ha surgido tras la intervención de la defensa de Zepeda, quien argumentó que el juicio anterior no se realizó de manera equitativa. Samuel Fernández, exembajador de Chile en Francia, destacó que la acusación tuvo acceso a toda la información disponible, mientras que la defensa se encontró en una clara desventaja. Este desequilibrio podría haber influido en el veredicto final, razón por la cual el tribunal ha decidido anular el juicio anterior y ofrecer a Zepeda una nueva oportunidad de defensa, agendada para el 17 de marzo.
Entre las evidencias que continúan siendo parte integral de la investigación se encuentran los testimonios de compañeros de la universidad que afirmaron haber escuchado gritos de una mujer en la noche de la desaparición de Kurosaki. Además, los datos de geolocalización de un vehículo alquilado por Zepeda y el análisis de su teléfono móvil han proporcionado información crucial que lo posiciona en áreas cercanas a donde se reportó la ausencia de la estudiante. La compra de ciertos objetos, como fósforos y productos de limpieza, también ha generado especulación sobre un posible intento de encubrir el hecho.
La hipótesis de la fiscalía, que se centra en el presunto uso de los artículos mencionados para eliminar evidencias de la desaparición de Kurosaki, ha mantenido la presión sobre Zepeda. A pesar de que el cuerpo de la estudiante nunca ha sido hallado, la acumulación de pruebas y testimonios ha consolidado un caso que persiste en el tiempo. La reapertura del juicio podría traer consigo un resultado definitivo y quizás, finalmente, respuestas para la familia de Narumi Kurosaki, que ha vivido años de incertidumbre y dolor.
















