Cuando una industria requiere excelencia técnica, el liderazgo es clave para enfrentar los desafíos que el rubro presenta. Desde el área de Gestión Socioambiental de Transelec, Paola Basaure muestra que las transformaciones más profundas no dependen solo de la tecnología o la regulación, sino de equipos capaces de adaptarse, comunicarse y tomar decisiones con criterio.
Paola Basaure Barros es ingeniera civil y hoy está a la cabeza del área de Asuntos Corporativos y Gestión Socioambiental de Transelec, la mayor empresa de transmisión eléctrica del país.
Desde esa posición, ha orientado su trabajo a compatibilizar el desarrollo de proyectos con los desafíos del país, como la transición energética, promoviendo una relación directa, transparente y colaborativa.
“La industria de la energía vive un proceso de cambio constante. Nuevas exigencias ambientales, mayor presión social y proyectos cada vez más complejos han elevado el estándar de gestión”, anticipa Basaure.
En este escenario, las empresas requieren algo más que conocimiento técnico: necesitan equipos preparados para enfrentar contextos dinámicos y desafiantes.
Desde su experiencia, Paola Basaure ha impulsado una forma de liderazgo que pone en el centro la construcción de equipos sólidos, con herramientas que les permitan desenvolverse en entornos donde la interacción con múltiples actores es parte del día a día.
¿Cómo se componen los equipos?
Uno de los principales cambios en la industria es la ampliación de las habilidades necesarias para liderar y ejecutar proyectos. El dominio técnico sigue siendo relevante, pero ya no define por sí solo el desempeño de un equipo.
Hoy se requiere comprender el contexto, anticipar escenarios y manejar variables que van desde lo social hasta lo reputacional. Según Basaure, “esto exige profesionales capaces de integrar distintas dimensiones en su trabajo, con una mirada más amplia y estratégica”.
También, la capacidad de adaptación se ha vuelto una de las habilidades más valoradas. Los proyectos de energía enfrentan cambios regulatorios, exigencias territoriales y escenarios que evolucionan rápidamente.
En este contexto, los equipos deben ser capaces de ajustarse, aprender y responder con agilidad. La flexibilidad deja de ser un atributo deseable y pasa a ser una condición necesaria para avanzar en proyectos de largo plazo.
Comunicación que construye confianza
La comunicación es otro elemento central. No se trata solo de transmitir información, para Basaure se trata de generar entendimiento y confianza entre actores diversos.
Equipos que logran explicar con claridad, escuchar activamente y adaptar su lenguaje a distintos públicos tienen mayores posibilidades de construir relaciones sólidas. Esta habilidad resulta clave en la interacción con comunidades, autoridades y otros stakeholders.
“En industrias complejas, no todas las decisiones están definidas por protocolos. Muchas requieren criterio, análisis y capacidad de priorizar”, explica.
Desde esta mirada, el desarrollo de equipos pasa por fortalecer la autonomía y la capacidad de evaluar escenarios, entendiendo las implicancias de cada decisión. El criterio se convierte en un activo relevante para gestionar riesgos y avanzar con responsabilidad.
En otras áreas, el trabajo en terreno implica interactuar con múltiples actores, cada uno con intereses y expectativas distintas. En ese escenario, la negociación se vuelve una herramienta fundamental.
Formando equipos para el cambio
Para Paola Basaure, el desarrollo de estas habilidades no ocurre de manera espontánea. Requiere una gestión activa, con espacios de aprendizaje, acompañamiento y formación.
En este sentido, el trabajo con equipos ha sido un eje relevante en su gestión, incorporando herramientas que permiten fortalecer competencias y preparar a las personas para enfrentar los desafíos actuales y futuros de la industria.
Equipos con habilidades para generar acuerdos, gestionar diferencias y avanzar en soluciones compartidas logran destrabar procesos y dar continuidad a los proyectos. Esta capacidad tiene un impacto directo en los resultados.
Y es que la complejidad de los proyectos energéticos requiere coordinación entre distintas áreas, disciplinas y territorios. Por ello, el trabajo colaborativo permite integrar miradas y construir soluciones más robustas.
Desde la experiencia de Basaure, los equipos que funcionan mejor son aquellos que logran establecer dinámicas de confianza interna, donde el feedback y la mejora continua forman parte del proceso.
“El éxito de las transformaciones está directamente relacionado con la capacidad de las personas para adaptarse, colaborar y tomar decisiones informadas”, señala.
La experiencia de Paola Basaure pone en evidencia que, en una industria estratégica como la energía, el desarrollo de equipos es un factor determinante. Equipos que además de ejecutar, comprenden el contexto en el que operan y contribuyen activamente a la evolución de la empresa y el país.
















