El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se dirigió a una gran multitud durante la Gran Marcha por el Día de las Familias en Caracas, donde aprovechó la ocasión para denunciar la persecución migratoria que sufren 252 migrantes venezolanos detenidos en El Salvador. Con gran determinación, Maduro expresó su compromiso de rescatar a estos ciudadanos, asegurando que «más temprano que tarde rescataremos sanos y salvos a todos los venezolanos secuestrados en El Salvador y reunificaremos a toda la familia, con el favor de Dios». Este mensaje resonó profundamente en el evento, el cual estuvo marcado por un clima de solidaridad y esperanza por parte de los asistentes, quienes aclamaron la declaración del mandatario con aplausos y consignas de unidad nacional.
Durante su intervención, Maduro defendió la migración como un derecho humano, enfatizando que «migrar no es un delito» y que los migrantes venezolanos son personas trabajadoras y honestas. El presidente condenó claramente las acciones de persecución, tortura y desaparición que enfrentan muchos migrantes, calificándolas de actos delictivos y una violación a los derechos humanos. Además, Maduro criticó las sanciones económicas y políticas impuestas por potencias extranjeras, argumentando que estas medidas son una forma de agresión que empuja a muchos a dejar su hogar en busca de mejores oportunidades.
En un emotivo relato, Maduro compartió la historia de la madre de Maikelys Espinoza, una niña que fue separada de su madre por las autoridades migratorias en Estados Unidos. El presidente destacó la resiliencia y la fortaleza de la madre, quien nunca perdió su sonrisa a pesar de las duras circunstancias. Aplaudió el regreso de la niña, quien fue repatriada sin aviso previo y recibió una cálida bienvenida en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, donde el encuentro entre madre e hija fue catalogado por Maduro como un «milagro» y una «gran alegría» que simboliza la esperanza de muchas familias en situaciones similares.
La Gran Marcha no solo fue un apoyo a los migrantes, sino también un llamado a la reflexión sobre las políticas migratorias represivas que afectan a América Latina y Estados Unidos. Maduro agradeció a las autoridades venezolanas que han colaborado en la repatriación de los migrantes, instando a la comunidad internacional a revisar y modificar estas políticas. La multitud, unida en su clamor, mostraba la lucha de un pueblo que busca un futuro mejor y la reunificación de sus familias separadas por la distancia y la adversidad.
Culminando su discurso, Maduro insistió en la importancia de una lucha colectiva contra la injusticia que enfrentan no solo los migrantes venezolanos, sino todos aquellos obligados a emigrar en condiciones adversas. «Juntos debemos luchar por nuestros derechos, por nuestras familias y por un futuro en paz», proclamó el presidente, generando un ambiente de esperanza y determinación entre los presentes. La visión de Maduro se centró en la reconstrucción de Venezuela y el apoyo irrestricto a todos los migrantes, fortaleciendo la unidad y la solidaridad de un pueblo decidido a no rendirse ante la adversidad.
















