El núcleo interno de la Tierra (NIT) ha fascinado a científicos y curiosos por igual desde su descubrimiento por Inge Lehmann en 1936. Situado a más de 5,000 kilómetros bajo la superficie, este enigmático cuerpo sólido de 1,220 kilómetros de radio es el centro de innumerables investigaciones. La comprensión de su formación está ligada a procesos complejos, como la cristalización del hierro del núcleo externo líquido. Este núcleo, que se caracteriza por tener temperaturas extremas entre 6,000 y 7,000 K, es esencial para entender fenómenos geodinámicos como el campo magnético de la Tierra, el cual juega un papel crucial en la protección de la vida en nuestro planeta. La dinámica del NIT es fundamental para predecir la actividad tectónica y otros eventos geológicos que podrían afectar nuestras vidas en la superficie.
Estudiar el núcleo interno presenta desafíos únicos. Hasta la fecha, la perforación más profunda realizada ha alcanzado solo 12.26 kilómetros, lo que plantea la necesidad de métodos alternativos para obtener información sobre este misterioso lugar. Los avances en la sismología han permitido a los científicos ‘escuchar’ lo que ocurre en el interior de la Tierra al analizar las ondas sísmicas generadas por terremotos. Estas ondas viajan a través del NIT y revelan diferentes comportamientos en función de la ubicación geográfica, lo que ha llevado al descubrimiento de fenómenos como la anisotropía sísmica y la dicotomía del núcleo. Estos descubrimientos sugieren que las características del NIT pueden estar influidas por la alineación de los cristales de hierro y otros mecanismos que aún se están investigando.
Recientes hallazgos han llevado a una nueva comprensión del NIT, sugiriendo que este podría tener una viscosidad extremadamente baja, lo que permitiría un estado de convección térmica. Un estudio realizado en 2019 reveló que la fase cúbica centrada en el cuerpo del hierro (Fe-bcc) podría estar presente en el NIT, lo que desafía las teorías anteriores que sostenían que la fase hexagonal (Fe-hcp) dominaba en esas condiciones extremas. Esta nueva perspectiva ha abierto un campo de debate entre los científicos sobre la dinámica del núcleo interno y su interacción con el núcleo externo, lo que podría afectar la generación del campo magnético terrestre. La idea de que el NIT está en movimiento y en transformación activa es un cambio radical respecto a visiones anteriores de un núcleo sólido estático.
Además, se ha confirmado la existencia de una estructura aún más interna, denominada núcleo interno más interno (NIMI), que se cree que tiene propiedades diferenciales en comparación con el NIT. Los estudios recientes mostraron que las ondas sísmicas que atraviesan el NIMI presentan variaciones de velocidad dependiendo de la dirección, lo que sugiere un comportamiento complejo en su interior. Esta revelación ha llevado a nuevas técnicas para estudiar el centro de nuestro planeta, utilizando la reverberación de las ondas sísmicas para mapear con mayor precisión las propiedades del NIMI. La posibilidad de que el NIMI contenga una porción más antigua del hierro plantea preguntas sobre la historia evolutiva de la Tierra y cómo se interrelaciona con eventos cósmicos pasados.
Finalmente, la evolución del NIT sigue siendo objeto de investigación activa, con evidencia indicando cambios en su forma y velocidad de rotación en las últimas décadas. Un estudio reciente apunta a que, a partir de 2010, el núcleo interno comenzó a rotar a una velocidad diferente del resto de la Tierra, sugiriendo que interacciones con el manto podrían estar influyendo en esta dinámica. La comprensión de estos cambios es vital, ya que no solo afecta a la geodinámica y tectónica de placas, sino que también podría tener repercusiones en el campo magnético terrestre. A medida que más datos son recolectados y analizados, la imagen del núcleo interno se vuelve cada vez más compleja e intrigante, desafiando nuestras nociones tradicionales sobre el interior de nuestro planeta.
















