Desde el siglo XVIII, el término «tierras raras» ha sido utilizado para describir ciertos óxidos metálicos que son difíciles de aislar y poco frecuentes en grandes concentraciones. Hoy en día, sin embargo, estos elementos químicos han tomado un papel esencial en tecnologías críticas que impulsan la transición energética, la electromovilidad y la digitalización. Antonio Del Río, Gerente de Minería & Infraestructura de GHD Chile, hace hincapié en que este resurgimiento de interés por las tierras raras no debe limitarse a una visión extractiva, sino que debe entenderse en un contexto más amplio que incluye el procesamiento y refinamiento de estos materiales.
Del Río pone de relieve la complejidad que conlleva el procesamiento de tierras raras, destacando que el verdadero valor se encuentra en esta etapa, donde a nivel global existe una concentración significativa de capacidades industriales. A pesar de que Chile no ha destacado históricamente en la producción de estos minerales, el ejecutivo subraya que el país podría explorar oportunidades viables a partir de depósitos secundarios y relaves mineros existentes. Esta idea implica que la recuperación de tierras raras no solo se limita a la búsqueda de grandes yacimientos, sino que también debe involucrar un enfoque innovador hacia los recursos ya disponibles.
Para que Chile dé el salto hacia una industria de tierras raras competitiva, se requiere mucho más que proyectos aislados de exploración. Según Del Río, la falta de infraestructura adecuada para el procesamiento y separación de estos minerales, así como un déficit en capital humano especializado, representan obstáculos significativos. Asimismo, menciona que sin un marco regulatorio que fomente el desarrollo industrial de largo plazo, el país corre el riesgo de caer en un modelo de exportación de materiales de bajo valor agregado, lo que limitaría su capacidad de generar un impacto real en la cadena de valor de estas industrias estratégicas.
La planificación territorial y la gestión ambiental desempeñan un papel crítico en la explotación de tierras raras, especialmente dada la particularidad de los procesos químicos involucrados. Del Río indica que obtener la licencia social para operar no es solo un añadido, sino un requisito esencial para cualquier desarrollo en este ámbito. A través de un enfoque industrial que contemple altos estándares ambientales y sociales, Chile tiene la oportunidad de construir una industria sostenible que no solo apueste por la innovación tecnológica, sino que también promueva el desarrollo de capacidades locales.
En resumen, las tierras raras no deberían considerarse como un simple boom minero. Antonio Del Río advierte que esta es una industria que requiere un intenso conocimiento y tecnología, así como una gestión eficaz. Si Chile se enfrenta a este desafío con la perspectiva correcta, podría posicionarse como un proveedor confiable en un mercado global que cada vez cobra más importancia. Sin embargo, si se opta por un enfoque superficial, el país podría quedarse solo con un relato vacío sobre su potencial en este sector.
















