En la reciente Cuenta Pública, el presidente Gabriel Boric fue objeto de críticas por parte del Colegio de Profesores en relación a su tratamiento de la violencia escolar. Mario Aguilar, líder del gremio docente, expresó su descontento al señalar que, a pesar de los esfuerzos del gobierno en temas como la reinserción escolar y la histórica deuda con los educadores, la violencia en los colegios fue apenas mencionada de manera «periférica». Para Aguilar, este fenómeno, que ha ido en aumento, necesita ser abordado con la seriedad que merece y no relegado a un comentario superficial dentro de un discurso que debió priorizar la seguridad de los estudiantes.
El dirigente del Colegio de Profesores no escatimó en palabras al referirse a la preocupación creciente entre los educadores acerca de la violencia en las aulas. «Es tal vez la urgencia más grande que tiene que abordar la educación chilena hoy», comentó Aguilar, resumiendo lo que muchos en el sector educativo piensan. Asimismo, el ministro de Educación, Nicolás Cataldo, admitió que ha habido errores en la forma en que la sociedad ha gestionado esta problemática, lo que refleja una creciente presión sobre el gobierno para que tome una postura más activa y decidida en la lucha contra la violencia escolar.
La violencia en los colegios no es un problema aislado, y los recientes casos de agresiones y tiroteos entre estudiantes han encendido las alarmas en varias comunas del país. Aunque muchos legisladores, como la diputada Karen Medina, están reclamando por acciones inmediatas, la falta de un enfoque claro y sistemático en la Cuenta Pública ha dejado a muchos educadores con la sensación de que sus preocupaciones no están siendo tomadas en serio. Medina ha reiterado la necesidad de implementar medidas concretas que vayan más allá de las palabras y que puedan transformar la realidad violenta que enfrentan los estudiantes y profesores diariamente.
La percepción de que la violencia escolar se está normalizando en las aulas se ha convertido en un tema de preocupación tanto para padres como para educadores. La inseguridad en las instituciones educativas se traduce no solo en un ambiente de aprendizaje deteriorado, sino que también impacta la salud mental de los alumnos. Muchos estudiantes expresan sentirse inseguros al asistir a clases. La voz de los profesores, quienes son los primeros en notar el deterioro del clima escolar, se convierte en un clamor importante que debe ser escuchado con atención y seriedad por las autoridades.
En conclusión, la omisión de un tratamiento adecuado a la violencia escolar en un evento tan crucial como la Cuenta Pública ha generado una fuerte insatisfacción entre educadores y políticos por igual. La violencia en las escuelas no puede seguir siendo un tema apenas mencionado en discursos; necesita ser una prioridad en la agenda del gobierno. Para garantizar un ambiente seguro y propicio para el aprendizaje, es crucial que se adopten políticas efectivas y se asignen recursos suficientes que permitan abordar esta problemática con el compromiso que merece.
















