En el Centro Penitenciario Femenino de San Miguel, varias internas han encontrado una manera innovadora de generar ingresos a pesar de estar privadas de libertad. A través de la plataforma Arsmate, mujeres como Alejandra, de 23 años, están vendiendo contenido erótico en forma de fotografías y videos íntimos, lo que les ha permitido establecer una forma de economía informal al interior del penal. Este fenómeno ha captado la atención de los medios, pues plantea serias interrogantes sobre la seguridad y el control en las instituciones penitenciarias.
Alejandra, cuyas actividades fueron expuestas en un reportaje de T13, revela detalles sobre su modus operandi. Usando un teléfono celular arrendado dentro de la cárcel, puede comunicarse con sus clientes y cobrar tarifas que alcanzan los 15.000 pesos por imagen. En chats filtrados, la joven reclusa expresa su voluntad de enviar contenido sexual, y su capacidad de generar un ingreso le permite cubrir sus gastos cotidianos mientras cumple su condena. La búsqueda de autonomía económica dentro de la prisión refleja la complicada realidad que enfrentan las mujeres encarceladas.
La forma en que los internos reciben pagos por el contenido que crean es igualmente intrigante. Según la investigación, el dinero se mueve a través de cuentas bancarias de terceros, dado que las internas no pueden recibir fondos directamente. Este tipo de transacción resalta una red de apoyo y complicidad entre quienes están fuera y dentro de la prisión, lo que plantea preguntas éticas sobre las relaciones entre el mundo interno y externo de los penales.
La situación llevó a que las autoridades, específicamente Gendarmería de Chile, realizaran un allanamiento en la celda de Alejandra, donde confiscaron 39 teléfonos celulares y otros artículos prohibidos. La institución subrayó que el porte de teléfonos móviles dentro de las unidades penales es considerado un delito, lo que sugiere que existen problemas de seguridad y control que deben abordarse. Sin embargo, este operativo también pone de manifiesto el desafío que representa supervisar de manera efectiva a un grupo diverso y, en muchos casos, vulnerable.
La historia de Alejandra y otras mujeres en el Centro Penitenciario Femenino de San Miguel pone de relieve no solo la lucha por la supervivencia económica en un entorno hostil, sino también la capacidad de las reclusas para adaptarse y encontrar formas creativas de expresión y subsistencia. A medida que las redes sociales y plataformas digitales continúan evolucionando, es probable que el fenómeno del contenido erótico producido por internas se convierta en un tema recurrente de discusión about las dinámicas sociales y económicas que se generan dentro de los recintos penales.
















