Cada fin de año, las familias se enfrentan a un importante dilema: celebrar las festividades de diciembre sin caer en deudas. Ricardo Ibáñez, abogado y fundador de DefensaDeudores.cl, enfatiza que con una planificación adecuada y decisiones financieras inteligentes, es posible disfrutar de la Navidad sin comprometer el inicio del año siguiente. En tiempos donde los gastos en regalos, cenas y vacaciones se acumulan rápidamente, la clave radica en establecer un presupuesto claro y visualizar tanto ingresos como egresos antes de que lleguen las celebraciones. Así, muchas familias pueden evitar que diciembre se convierta en un mes que arrastre problemas financieros por todo el año entrante.
Ibáñez propone una estrategia sencilla pero eficaz: la regla del 10%. Esta norma sugiere que nunca se debe destinar más del 10% de los ingresos líquidos mensuales a los gastos navideños. Si se gana un millón de pesos, el límite sería de 100 mil pesos. Además, propone el uso de actividades en familia que reduzcan los costos, como el amigo secreto o las vacaciones compartidas. «La Navidad debe ser una celebración del sentido familiar, no una competencia por quién regala más», enfatiza Ibáñez. Con esta mentalidad, se fomenta un ambiente de unión en lugar de estrés financiero.
Para aquellos que se ven obligados a incurrir en deudas, Ibáñez aconseja optar por opciones menos riesgosas, como las tarjetas de crédito pagadas en cuotas, sin intereses. «Si se considera un crédito, que sea uno de consumo tradicional, no superior a 12 meses. Los préstamos fáciles suelen acabar siendo más costosos», alerta. Asimismo, es crucial evitar los avances de efectivo y los créditos preaprobados, ya que estos pueden llevar a una espiral de deudas difícil de manejar en el futuro. Las vacaciones deben ser planificadas con cautela para no impactar gravemente la salud financiera familiar.
El temor a enero y marzo es real, pues tras las fiestas de fin de año, muchas familias enfrentan una pesada carga de gastos adicionales como uniformes escolares y matrículas. Para mitigar este impacto, Ibáñez propone crear un «fondo marzo» desde diciembre. Aunque sea un monto pequeño, ahorrar semanal o quincenalmente permitirá que las familias tengan un colchón financiero para enfrentar las obligaciones que vienen a comienzos del nuevo año escolar. Además, se recomienda adelantar la compra de útiles escolares que no sean perecederos, evitando así el aumento de precios que acompaña la temporada alta.
Con esto, el mensaje principal de Ibáñez es claro: la planificación, la auto-disciplina y la toma de decisiones informadas son esenciales para evitar que las celebraciones de diciembre hipotecan el futuro financiero. En definitiva, disfrutar de los días festivos no tiene por qué resultar en un inicio del año lleno de deudas. «La Navidad puede ser una época de alegría sin sacrificios económicos siempre que se haga con responsabilidad», concluye el abogado, brindando esperanzas a aquellos que temen el impacto de las celebraciones en su billetera.
















