Al analizar el lobby marroquí, se puede observar que sus objetivos son notablemente similares a los de su homólogo sionista. En primer lugar, buscan contrarrestar el apoyo y reconocimiento a la causa saharaui, con la clara intención de impedir el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui en organismos y foros internacionales. Esto se traduce en un esfuerzo sistemático por deslegitimar cualquier movimiento que busque respaldar la autodeterminación del Sahara Occidental. Además, se puede identificar una estrategia de financiamiento dirigida a políticos y parlamentarios, con el fin de establecer comités chileno-marroquí que operen como grupos de presión en favor de la monarquía marroquí, buscando sostener su narrativa colonial en diversas plataformas internacionales.
Es crucial señalar que los medios de comunicación también juegan un papel fundamental en esta narrativa. Algunos medios sionistas, tanto en Estados Unidos como en Israel, utilizan supuestas investigaciones de fundaciones estadounidenses vinculadas a los servicios de inteligencia para distorsionar la historia, intensificando así las agresiones hacia el pueblo saharaui. Esto se complementa con el financiamiento de medios marroquíes, como Atalayar, que frecuentemente difunden artículos que promueven la anexión del Sahara Occidental por parte de Marruecos, desvirtuando los principios de la legislación internacional que protege el derecho a la independencia del pueblo saharaui.
En este contexto, las declaraciones del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, son alarmantes. Durante su reciente reunión con el ministro de Exteriores de Marruecos, Rubio manifestó el respaldo de EE.UU. a la «soberanía marroquí» sobre el Sáhara Occidental, calificando la propuesta de autonomía de Marruecos como la única bases para una solución efectiva al conflicto. Esta postura unilateral no solo ignora el sufrimiento del pueblo saharaui, sino que también refuerza la idea de que Washington está comprometido a favorecer los intereses de Marruecos a expensas del derecho a la autodeterminación, perpetuando un ciclo de injusticia en la región.
Al mirar hacia Chile, la influencia del lobby marroquí se manifiesta también en el discurso político y mediático. La política chilena ha sido marcada por un constante intento de consolidar una visión occidental hegemónica que, en lugar de apoyar la causa saharaui, colabora con los intereses coloniales marroquíes. Este fenómeno es evidente en medios que, bajo la fachada de ser progresistas, han virado hacia una narrativa que favorece los planes de Marruecos, como es el caso de El Periodista, cuyo director, Francisco Martorell, una vez defensor de la causa saharaui, ahora se ha convertido en un vocero de la monarquía alauita.
Finalmente, el establecimiento de fundaciones y organizaciones que ostentan la bandera de la cooperación cultural y económica entre Marruecos y América Latina, como la Fundación África-Latinoamérica Siglo XXI, representa un esfuerzo deliberado por enterrar el reconocimiento del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Estos esfuerzos, que intentan presentar a Marruecos como un socio benigno y modernizador en África, no solo deslumbran al público con su discurso de paz y desarrollo, sino que ocultan las violaciones sistemáticas de derechos humanos que comete la monarquía marroquí en los territorios ocupados. En este sentido, la manipulación de la realidad histórica y política es fundamental para entender la resistencia del pueblo saharaui y la lucha por sus derechos.
















