El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha presentado una detallada querella de 25 páginas en contra del exdictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, quienes enfrentan cargos graves por narcotráfico y terrorismo. Esta acción legal se remonta a 2020, cuando se formularon los mismos cargos en ausencia. La nueva querella expone cómo, en su posición de poder, Maduro y Flores facilitaron el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos, con su régimen actuando como una red de apoyo para grupos narcotraficantes. Entre los cargos destacados se encuentran narcoterrorismo, conspiración para importar y distribuir cocaína, así como posesión de armas de guerra. Estas acusaciones reflejan la seriedad del aparente vínculo entre el gobierno venezolano y las organizaciones criminales colombianas.
Cilia Flores no solo se enfrenta a serias acusaciones de narcotráfico, sino que el documento detalló su papel como intermediaria entre narcotraficantes y funcionarios antidrogas, así como su implicación directa en el tráfico de drogas. Las acusaciones son escalofriantes, indicando su participación en prácticas violentas y criminales que incluyeron secuestros y asesinatos para proteger las operaciones de tráfico. Flores también es señalada por recibir sobornos de narcotraficantes, lo que demuestra un entramado de corrupción que ha permitido el desarrollo de una industria ilícita bajo la mirada cómplice del poder estatal.
El documento también menciona a figuras clave del narcotráfico que operan en complicidad con el gobierno venezolano, como Diosdado Cabello y Ramón Rodríguez Chacín, quienes han sido identificados como proteccionistas del tráfico de drogas. Cabello, en particular, ha sido señalado como una figura crucial en el tráfico, garantizando rutas seguras para el movimiento de cocaína, mientras que Rodríguez Chacín se encargó de establecer conexiones con las FARC y ELN, permitiendo a estos grupos operar desde el territorio venezolano con impunidad. Este sistema de complicidad ha creado un ecosistema de tráfico que vincula a Colombia, Venezuela y Estados Unidos.
La influencia de grupos como las FARC y el ELN es fundamental en esta trama criminal, según el Departamento de Justicia. La querella expone cómo el régimen de Maduro ha convertido a estas organizaciones en aliados estratégicos, proporcionando protección y cobertura en el tránsito de cocaína. A su vez, los militares venezolanos no solo permitieron, sino que activamente apoyaron estas operaciones, entregando armas y recursos a los grupos paramilitares colombianos. Este vínculo ha elevado la capacidad de producción y tráfico de cocaína desde Venezuela, afectando gravemente la seguridad en Colombia y más allá.
La investigación pone de relieve la complejidad del narcotráfico en América Latina, al mostrar la interacción de factores políticos y criminales. Sin el respaldo del régimen venezolano, las potentes redes de tráfico de cocaína que hoy afectan a Estados Unidos y otros países no tendrían la misma fuerza. La situación expone la complicidad entre el Estado y el crimen organizado, lo que plantea un desafío significativo para los esfuerzos internacionales en la lucha contra las drogas. La fiscalía estadounidense ha enfatizado que, sin la participación de aliados armados como el ELN y las FARC, el volumen de cocaína no alcanzaría los niveles actuales, lo que subraya la conexión profunda entre la política y el crimen en la región.
















