El 18 de abril de 2025, Puebla se vistió de fe y fervor con la XXXIII edición de la Procesión de Viernes Santo, donde miles de personas se congregaron en las calles de la ciudad para rememorar el viacrucis de Jesús. El arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinoza, encabezó el evento, que tuvo como protagonistas siete imágenes sagradas, incluidas las veneradas representaciones de La Virgen de Los Dolores del Carmen y Jesús Nazareno de Las Tres Caídas. Este año, la devoción se centró especialmente en El Señor de las Maravillas, cuya influencia en la vida de sus seguidores ha generado una profunda espiritualidad y agradecimiento.
La imagen del Señor de las Maravillas atrae a una gran cantidad de feligreses que, en su mayoría, le atribuyen múltiples milagros relacionados con la salud y el bienestar. Entre los asistentes, Mario Martínez, quien ha participado en la procesión durante 29 años, compartió su experiencia: ‘Es por todos los favores que nos ha hecho’, afirmó con un gesto de profunda reverencia. Para muchos como él, la tradición no solo representa un evento espiritual, sino un acto de gratitud por los milagros que han recibido en sus vidas.
La devoción a El Señor de las Maravillas también se refleja en el compromiso de los asistentes, como lo demostró Rocío Parra, quien asegura haber recibido salud y prosperidad gracias a su fe. ‘Cada año ofrezco obsequios a otros como forma de agradecer’, comentó emocionada. Su historia resuena con muchos otros devotos que, a lo largo de los años, han encontrado en la procesión una oportunidad para fortalecer su vínculo con la comunidad y compartir su gratitud.
La estimación de asistencia para este año alcanzó la cifra de 150,000 personas, quienes abarrotaron las calles de Puebla, creando un ambiente de hermandad y celebración durante la Semana Santa. Los asistentes, vestidas con túnicas y con velas encendidas, se unieron en un solo coro de oraciones y cánticos, demostrando que esta tradición seguirá siendo un pilar en la vida social y religiosa de la ciudad. El evento se convierte también en un recordatorio del legado cultural y religioso que une a los pobladores.
La Procesión de Viernes Santo, más que una simple conmemoración, es un símbolo de la identidad de Puebla y de la resistencia de las tradiciones programadas por generaciones. Hilda, quien ha asistido desde su infancia, expresó su deseo de continuar presente en este significativo evento, agradeciendo por la salud y bienestar de su familia. La devoción y la participación masiva en la procesión demuestran que, a pesar de los tiempos modernos, el espíritu de solidaridad y fe sigue vivo en la comunidad poblana.
















