La indagación sobre el rapto de Jorge Vera Fierro, un empresario del rubro de la ferretería, ha revelado un entramado criminal con múltiples facetas y actores involucrados. Este caso ha impactado a la opinión pública, no solo por la naturaleza del secuestro, sino también por la diversidad de los arrestados. Entre ellos se encuentran un maestro de sushi con familia en Iquique, un individuo que vivía en la calle y que actuó como el «carcelero» de la víctima. Según Reportajes T13, cada uno de los detenidos desempeñó un papel específico durante los ocho días que Vera estuvo en cautiverio, lo que complica la trama del ilícito y demuestra una organización bien estructurada detrás del crimen.
José Torres Salazar fue el primero en ser arrestado, identificado como el conductor del vehículo involucrado en el secuestro. Durante su detención, la Policía de Investigaciones (PDI) logró trazar su ruta mediante el análisis de cámaras de seguridad, lo que les permitió establecer el lugar de cautiverio inicial. A pesar de que la camioneta que utilizó contaba con una patente clonada, su trayectoria fue detectada gracias a sus hábitos de carga de combustible en ciertos servicentros, contribuyendo así a la captura de otros cómplices en la trama delictiva.
Otro arrestado es Nino Meza González, dueño de un taller mecánico en Cerro Navia, donde Vera estuvo privado de su libertad durante los primeros días. A pesar de que la municipalidad había clausurado su taller, Meza continuó operando en la clandestinidad, lo que denuncia un problema mayor en el barrio. Aunque el mecánico alegó que fue obligado a participar en el secuestro bajo amenazas, investigaciones recientes sugieren que mantenía conexiones con otros miembros de la banda, lo que pone en duda su testimonio y señala un posible conocimiento previo de las actividades ilícitas.
La captura de Cándido Franco Dávila también ha sido significativa en esta operación. Se le relaciona estrechamente con Nino Meza y se le atribuyen funciones operativas dentro de la estructura criminal. Antes del secuestro, Franco ya había sido registrado en el taller mecánico, lo que evidencia una colaboración entre los dos. Su arresto añade una capa más a la red de complicidad existente, haciendo que la PDI considere la existencia de un grupo bien organizado que operaba con una clara división de roles.
Finalmente, Felipe Retamales ha sorprendido a muchos al ser identificado como el «carcelero» que cuidaba de Jorge Vera. Retamales, que vivía en la calle y tenía antecedentes delictivos, fue acogido por Nino Meza en su taller. Durante el cautiverio, desempeñó un papel crucial, siendo responsable de la vigilancia de Vera, así como de su alimentación y cuidado médico. A pesar de su situación desfavorecida, su lealtad hacia Meza lo llevó a asumir un papel activo en la retención del empresario, lo que prueba la complejidad y las inesperadas interacciones en el ámbito del crimen organizado.










