La explosión de un camión cisterna que transportaba gas licuado en Renca, ocurrida la mañana de este jueves en la Ruta 5 Norte, ha dejado una trágica estela de consecuencias. Con al menos tres fallecidos y más de 17 heridos, varios de ellos con quemaduras graves, el siniestro también ha causado la destrucción de decenas de vehículos y daño a la infraestructura vial y ferroviaria en la zona. Ante un evento de tal magnitud, surge la urgente necesidad de que las víctimas y sus familias comprendan las coberturas de seguros disponibles y qué tipo de protección tienen frente a incidentes de esta naturaleza.
El Seguro Obligatorio de Accidentes Personales (SOAP), regulado por la Ley 18.490, se activa automáticamente en caso de accidentes de este tipo, sin la necesidad de determinar la culpa. Según Marcelo Díaz, fundador de OneXpert, esta póliza cubre al conductor, los pasajeros y terceros que resulten lesionados o fallezcan como consecuencia del evento. Es relevante mencionar que la reciente entrada en vigor de la Ley Jacinta ha mejorado significativamente las coberturas del SOAP, duplicando los montos de compensación. Sin embargo, es importante destacar que las pólizas contratadas antes de su implementación mantienen los montos anteriores, lo que genera un panorama mixto hasta 2027.
En cuanto a los propietarios de vehículos que resultaron dañados, muchos se preguntan si pueden recurrir a su propio seguro automotriz. Aquellos con seguros de daños materiales pueden presentar un reclamo, excepto en los casos donde se excluyan explícitamente los daños por explosiones de carga peligrosa. Para quienes no contaban con un seguro, la situación es desalentadora, ya que su única opción sería emprender acciones civiles contra el responsable del accidente, un proceso que puede extenderse por años, dejándolos en una posición económica precaria. Alarmantemente, en Chile circulan millones de vehículos sin seguro que cubra daños propios, lo que aumenta la vulnerabilidad de los conductores en accidentes de este tipo.
La problemática se complica aún más cuando se analiza la cobertura del camión causante del desastre. Las pólizas estándar de automóviles no cubren responsabilidades derivadas del transporte de cargas peligrosas, a menos que se haya contratado una cobertura específica con un costo adicional. Esto significa que en circunstancias como la ocurrida en Renca, un camión que transporta gas licuado podría no estar cubierto por su seguro convencional. Además, existen exclusiones relevantes que afectan no solo los daños materiales a otros vehículos, sino también aquellos a la infraestructura vial, lo cual genera una carga económica significativa para las empresas de transporte y, en última instancia, para las víctimas del siniestro.
El incidente en Renca ha reabierto el debate sobre la necesidad de un seguro obligatorio de responsabilidad civil para el transporte de cargas pesadas y materiales peligrosos en Chile. Si bien la Ley Jacinta ha representado un paso adelante en la protección de los conductores y las víctimas de accidentes, su alcance es limitado, ya que la responsabilidad civil queda en manos de las decisiones de las empresas transportistas. A diferencia de otros países, donde existen regulaciones más estrictas en este ámbito, Chile aún tiene una brecha significativa que debe abordarse para evitar que tragedias como esta se repitan, dejando a las víctimas sin la compensación adecuada por los daños sufridos.
















