El magnate Elon Musk confirmó su salida del gobierno de Donald Trump tras cuatro meses de controversias como «empleado especial» bajo el proyecto DOGE. Este polémico programa se planteó como una iniciativa radical para reducir el gasto público, y Musk agradeció al presidente en su cuenta de X, asegurando que su tiempo en el gobierno había sido una oportunidad valiosa para abordar el gasto innecesario. Sin embargo, con su partida, Musk aseguró que la misión DOGE seguiría fortaleciendo su impacto en las estrategias de reducción de costos gubernamentales.
Musk, cuya designación estaba limitada por ley a tan solo 130 días al año, dejó el cargo cumpliendo con dicha normativa, aunque el gobierno no especificó el último día de su trabajo. Esta restricción implicó que, si Elon hubiera permanecido activo desde la toma de posesión, tendría que haberlo hecho hasta el 130º día, que coincide con lo que se cree será su salida definitiva. La corta duración de su mandato ya presagiaba tensiones en la administración, que finalmente culminaron con su renuncia.
Desde hace varias semanas, tanto Musk como Trump habían venido insinuando que su salida era inminente. En abril, el CEO de Tesla había anunciado públicamente su intención de enfocarse en sus otras empresas, especialmente ante la caída de ventas y el desplome de las acciones de Tesla. El interés por regresar a los negocios tras un periodo de agitación en la industria automotriz también se sumó a la presión sobre su permanencia en el gobierno.
El proyecto DOGE, liderado por Musk, generó caos en el funcionamiento del gobierno, caracterizándose por recortes drásticos y decisiones poco claras que impactaron negativamente a diversas agencias. Aunque Trump fue un firme defensor de Musk durante su tiempo en el proyecto, las crecientes tensiones con altos funcionarios de la administración sugirieron que la colaboración se estaba tornando insostenible, convirtiendo cada reunión en un terreno inestable.
Justo un día antes de su salida, Musk lanzó duras críticas al proyecto legislativo de Trump, catalogándolo como un retroceso de los recortes que DOGE había promovido. Al referirse al proyecto como un «gran y hermoso proyecto de ley» republicano, dejó entrever no solo sus diferencias con el enfoque oficialista, sino también un posible distanciamiento estratégico del ex presidente. Sus declaraciones reflejan cómo, a pesar de la cercanía personal y profesional entre ambos, las perspectivas sobre la gestión económica pueden haber creado una grieta en su alianza.














