La comuna de Ñuñoa, en el sector oriente de la Región Metropolitana, enfrenta un alarmante aumento en la delincuencia que ha despertado la preocupación de sus vecinos. Según testimonios de residentes, la sensación de inseguridad ha crecido notablemente, lo que ha obligado a las familias a replantear sus rutinas diarias. La Plaza del Niño Volador, un lugar que debería ser un espacio de esparcimiento, se ha convertido en un punto de encuentro para delincuentes, quienes, al parecer, se sienten cómodos consumiendo drogas a plena vista, incluso frente a niños. Esta situación no hace más que agravar el clima de temor que ronda por la comuna.
Diversos sectores de Ñuñoa han sido identificados como «zonas rojas» donde la delincuencia se ha intensificado. El paradero de buses en Chile España con José Pedro Alessandri se ha convertido en el feudo de una banda dedicada al robo de celulares, mientras que en la Plaza Ñuñoa, Las Encinas y Fuente Suiza, los estacionadores ilegales buscan aprovechar la vulnerabilidad de quienes transitaban por estas áreas. La situación en población Rosita Renald es aún más crítica, siendo uno de los principales núcleos de venta de drogas. Estos episodios se han vuelto monótonos y alarmantes, a tal punto que los «motochorros» atacan a las personas a cualquier hora del día, generando una sensación de miedo que limita la libertad de movimientos de los ciudadanos.
Los relatos de robos y asaltos se convirtieron en un tema cotidiano entre los habitantes de Ñuñoa. Los mecheros entran a locales comerciales como farmacias y supermercados a plena luz del día, mientras que los robos con intimidación se han vuelto una amenaza. Las denuncias sobre el robo de espejos a vehículos son cada vez más comunes, y las instalaciones de rucos en espacios públicos se han proliferado, lo que ha llevado a que varios vecinos pidan más seguridad. A pesar de estas circunstancias, la presencia policial parece ser insuficiente para combatir la creciente ola de violencia, lo que ha llevado a cuestionar la efectividad de las estrategias de seguridad actuales.
Mientras tanto, la 18° comisaría de Ñuñoa, aunque realiza esfuerzos por involucrar a la comunidad a través de la entrega de folletos de prevención, aparece inefectiva frente al verdadero problema de inseguridad. Los vecinos aseguran que la carencia de carabineros se siente a simple vista y que el carro de patrullas asignado al cuadrante no responde en situaciones de emergencia. Al final del día, los esfuerzos de organizaciones como Paz Ciudadana se ven limitados por su falta de atribuciones para hacer frente a los antisociales, dejando a la comunidad expuesta a un panorama alarmante.
El alcalde Sebastián Sichel ha sido criticado por su estrategia comunicacional que parece más enfocada en ofrecer una falsa sensación de seguridad, en lugar de abordar la problemática real. Si bien la Plaza Ñuñoa podría considerarse uno de los espacios más seguros debido a su ambiente familiar, los puntos más alejados de la comuna sufren el embate de la delincuencia sin una respuesta efectiva por parte de las autoridades. Los políticos parecen más preocupados por la proximidad de las elecciones y sus propias ambiciones de poder que por la seguridad de la comunidad que representan. Este estado de cosas demanda atención y acción, no solo a nivel local, sino también estatal, ya que la lucha contra la delincuencia debería ser una prioridad para garantizar la tranquilidad de los habitantes de Ñuñoa.














