El papel del papa Francisco durante la dictadura argentina ha sido objeto de controversia y debate desde hace más de dos décadas. Las acusaciones en su contra se fundamentan en su supuesta inacción en la protección de dos misioneros jesuitas, Orlando Yorio y Franz Jalics, quienes fueron secuestrados y torturados por la Junta Militar en 1976. En el libro «El Silencio», publicado en 1999 por el periodista Horacio Verbitsky, se revelaron estas acusaciones, señalando que Bergoglio, en su calidad de superior de la Compañía de Jesús en Argentina, no hizo lo suficiente para salvar las vidas de estos religiosos, lo cual ha dado inicio a un intenso escrutinio sobre su papel durante uno de los períodos más oscuros de la historia argentina.
Yorio y Jalics estaban llevando a cabo labores pastorales en los barrios empobrecidos de Buenos Aires cuando fueron capturados. Las imputaciones contra Bergoglio aluden a la falta de acciones decisivas de su parte para interceder por ellos. Marcelo Parrilli, un abogado de derechos humanos, reavivó estas acusaciones en 2005, cuando Bergoglio ya ocupaba el puesto de arzobispo de Buenos Aires. Aunque su denuncia no avanzó en el ámbito judicial, la figura de Bergoglio continuó siendo objeto de análisis crítico dentro del contexto de la dictadura.
El testimonio de Bergoglio en 2010, cuando compareció como testigo en un juicio oral sobre crímenes de lesa humanidad, se presentó como un intento de clarificar su posición durante la dictadura. Afirmó haber reunido con los dictadores Jorge Videla y Emilio Massera en un par de ocasiones, en las que pidió expresamente la liberación de los sacerdotes. Sin embargo, la retórica del encuentro no fue del todo positiva, ya que Bergoglio describió uno de los encuentros como «muy feo» y corto, representando su angustia frente a la situación de sus colegas.
A pesar de las críticas que lo denunciaban como cómplice del régimen militar, han surgido defensas de figuras como el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, quien aseguró que Bergoglio no tenía vínculos con la dictadura y que, en general, actuó de manera discreta para liberar prisioneros en aquel entonces. La complejidad de la historia argentina, marcada por el silencio y la complicidad, hizo que su figura fuese tanto objeto de ataques como de defensas, lo que llevó a una polarización de opiniones entre los sectores políticos y sociales.
En 2023, durante un encuentro con jesuitas húngaros, el papa Francisco abordó nuevamente estos temas, señalando las presiones que recibió desde el gobierno argentino en su momento y asegurando que la verdad sobre sus acciones había salido a la luz gracias a un abogado del Partido Comunista que le formuló una pregunta crítica. La aparente reconciliación con Jalics, quien perdonó a Bergoglio antes de su fallecimiento en 2021, contrasta con la postura de Yorio, quien lo acusó abiertamente. Este entramado de relaciones y acusaciones ilustra la complejidad del papel de Bergoglio durante la dictadura, una historia que continúa tejiendo narrativas de controversia y, en algunos casos, de reconciliación.
















