El desarrollo de una gran infraestructura no es un proceso lineal. El proyecto Tineo-Nueva Ancud muestra cómo una obra puede evolucionar en el tiempo incorporando ajustes, diálogo territorial y medidas que responden a su entorno.
Las grandes obras de infraestructura suelen percibirse como proyectos definidos desde el inicio, con un trazado fijo y decisiones ya tomadas. Sin embargo, en la práctica, su desarrollo es mucho más dinámico.
El proyecto Tineo-Nueva Ancud es un ejemplo de ello: una iniciativa que se adaptó a su entorno integrando diálogo y diversas iniciativas.
Con cerca de 95 kilómetros de extensión, presencia en seis comunas y un trazado que conecta el continente con la isla de Chiloé, el proyecto a cargo de Transelec ha debido conversar con un territorio diverso y con múltiples actores.
Durante su tramitación ambiental, el proyecto incorporó distintas medidas y modificaciones que responden a observaciones levantadas en el proceso. Entre ellas, se consideraron ajustes en el trazado, compromisos ambientales voluntarios y propuestas vinculadas al desarrollo ecológico y social para Chiloé.
Esto permite entender el proyecto más allá de una obra rígida y como una iniciativa que se configuró en función de su entorno.
Iniciativas de diálogo temprano
La estrategia de sostenibilidad de Transelec incorpora el diálogo como un elemento central para generar valor más allá de la infraestructura. Este enfoque se expresa en la construcción de relaciones de confianza con los territorios, la apertura de espacios de conversación colaborativa y el desarrollo de iniciativas de inversión social co-diseñadas junto a las comunidades.
Desde etapas tempranas, la compañía impulsó instancias de relacionamiento continuo, entendiendo el diálogo como una herramienta estratégica para enriquecer el proyecto Tineo-Nueva Ancud. Estos espacios permitieron compartir información, recoger visiones locales y profundizar la comprensión del territorio en el que se inserta la iniciativa.
A lo largo del desarrollo del proyecto, se promovieron mecanismos de participación orientados a mantener un intercambio abierto y permanente con las comunidades, abordando sus inquietudes y dando a conocer los alcances, características y oportunidades asociadas a la obra. De acuerdo con antecedentes del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), este proceso incluyó reuniones informativas y mesas de trabajo en diversas localidades cercanas al Canal de Chacao.
Este trabajo sostenido en el tiempo permitió integrar distintas miradas en el diseño y desarrollo del proyecto, dando forma a compromisos en ámbitos sociales, culturales y ambientales.
Así, el diálogo se consolida como un pilar para avanzar en iniciativas que buscan desarrollarse en el territorio y ejecutarlas en conexión con quienes lo habitan.
Medidas que responden al territorio
Otro aspecto relevante es la incorporación de medidas que buscan adaptarse a las características del entorno.
Además de los compromisos asociados al proceso ambiental, el proyecto considera iniciativas como planes de recuperación de bosque nativo en zonas de alto valor ecológico, entre otras iniciativas paralelas al desarrollo del proyecto.
Sin embargo, tanto el Estudio de Impacto Ambiental como sus antecedentes complementarios evidencian que, durante la evaluación del proyecto, se incorporaron medidas específicas para resguardar cauces, humedales y sitios de valor arqueológico.
Del mismo modo, se consideraron acciones orientadas a evitar la intervención de individuos de alerce en las obras de fundación, junto con el diseño de accesos que reduzcan el tránsito por zonas de alta sensibilidad ecológica.
De acuerdo con información de la empresa, estos ajustes responden a un enfoque de “diseño con el territorio”, cuyo objetivo es integrar la infraestructura de la mejor manera posible en un entorno ambientalmente complejo y delicado.
Estas acciones permiten ampliar la comprensión del proyecto, integrando dimensiones ambientales y territoriales que van más allá de la infraestructura eléctrica.
Una nueva forma de entender las grandes obras
El caso de Tineo-Nueva Ancud permite abrir una reflexión más amplia en donde las infraestructuras actuales no se diseñan ni se ejecutan de manera aislada, sino en interacción constante con su entorno.
Esto implica que su valor recae en el exhaustivo proceso que las hace posibles, como ajustes, conversaciones, revisiones y medidas que se van incorporando en el camino.
Desde esa perspectiva, el proyecto puede leerse como un ejemplo de cómo una obra se adapta, evoluciona y se construye en diálogo con el territorio.
Tineo-Nueva Ancud es el ejemplo de un proceso que refleja cómo las grandes obras se transforman a medida que avanzan, incorporando nuevas miradas y ajustándose a las condiciones del entorno.
Entender este tipo de proyectos desde su evolución permite ampliar la conversación: más que sólo infraestructura aislada, son iniciativas que se construyen en el tiempo, en interacción con las personas y los territorios donde se emplazan.
















